Entrega.

 

Bodhidarma Se iluminó en India y buscó un discípulo sin poder encontrar ninguno. Por lo tanto tuvo que ir a China.
Conocía la clave, estaba envejeciendo, y no podía encontrar un digno sucesor suyo.
Durante nueve años esperó en una caverna, simplemente esperó mirando a la pared. Estaba creando una gran fuerza magnética. Estaba llamando a quien sería capaz de llevar su tradición adelante.

Había dicho:
-“Cuando llegue la persona indicada, solo entonces lo miraré. Mientras tanto continuaré mirando a la pared”

 

Un día la persona indicada llegó. Se paró detrás de Bodhidarma. No dijo nada, simplemente esperó con paciencia.
Dos silencios se encontraron.
Al día siguiente, por la mañana temprano, el recién llegado se cortó una mano y se la ofreció a Bodhidarma diciendo:
-“Vuélvete hacia mí, si no lo haces lo siguiente que cortaré será mi cabeza”.
Bodhidarma se volvió inmediatamente y le dijo:
-“Así que has venido”.

Bodhidarma que en nueve años no había mirado a nadie, se dio la vuelta, tenía que hacerlo, porque un discípulo es solamente aquel que está dispuesto a entregar su cabeza.

Esta historia es simbólica.
La mano significa: “Te doy mis acciones. Úsame, estoy listo para convertirme en tu mensajero. Llevaré a cabo todo lo que quieras que lleve a cabo. Dame lo que sea que hayas venido a dar. Mi acción desde este momento es tuya. Ya no seré un hacedor por mí mismo. Ahora haré sólo lo que tú me digas. Esta es mi mano”

Así no es cierto que literalmente el discípulo se cortara la mano; eso hubiera sido estúpido. Al decirle “Vuélvete o me cortaré la cabeza. Eso es entrega.

Cuando Bodhidarma miró al hombre a los ojos, la llave fue transferida. No se habló una sola palabra, no hubo necesidad. El hombre se convirtió en su sucesor. Y el Zen ha permanecido así como una tradición viva.

Bagwam.
La sabiduría de las arenas.

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