El abuelo meditante. Capítulo 2. (Parte 2)

(Parte 2)

…Encontró un laberinto dibujado ponía:
mindfuldness atención plena transpersonal y letras pequeñas de algo de internet.
(¡Cómo viera su maestra eso sin mayúsculas…!)
Por detrás estaba escrito, como en la azul.
SABOREA.
En el día de hoy, practica la consciencia en tus comidas, Come muy despacio y sé consciente del sabor de cada bocado. Puedes hacerlo en silencio y masticar más veces de lo habitual.
Cuando saborees dulzura, conviértete en dulzura. Cuando saborees salado, conviértete en salado. Si es ácido, conviértete en ácido… Siente el sabor por todo tu cuerpo. Crecerá tu sensibilidad y sentirás vida consciente.

¡Madre del amor hermoso!
Eso era raro, pero parecía divertido, es como jugar a ser animales, pero con sabores.

Algo le inquietó, metió rápidamente las cartas en su sitio, salió del despacho y bajó de nuevo al salón. Escuchó una campana y siguió su sonido hasta el sótano.
Allí encontró a su abuelo, sentado. Con las piernas cruzadas. Andrés hizo sonar la campana por segunda, y por tercera vez. Dejó la campana en su sitio, cerró los ojos y ahí estuvo un tiempo que a Carlitos le pareció una eternidad.
Algo sintió Carlos que le infundió un profundo respeto. Para él eso era un misterio por resolver.
Mientras pasaban los minutos imaginó tantas y tantas razones por las que su abuelo estaba ahí sentado, sin moverse, en silencio…
Se ha dormido, le pasa lo que a mi, que no duerme bien y luego de día le da el sueño, pero oye, que ni ronca ni ná… pues de noche se le oye un montón, ¿será la abuela? Ji, ji… y se marchó al mundo en que las abuelas roncaban por las noches.
Estuvo un buen rato allí, hasta que volvió a la imagen del meditante. ¿Se ríe? No. Si. Parece que se ríe, bueno no sé.
¿Por qué se pondrá así el abuelo? ¿Se habrá muerto? Se asustó el niño al verle impertérrito, una gran angustia empezó a invadirle cuando advirtió que seguía respirando. No, muerto no está porque en las pelis siempre ponen la oreja a ver si respira, y al abuelo se le hincha la tripa.
¿No se cansará de estar así? Me aburro.
Empezó a mover sus piernecillas con inquietud mientras miraba fijamente la cara de su abuelo, que comenzó a desenfocarse y a cambiar de forma.
¡El abuelo es un extraterrestre! ¡Es un extraterrestre y se está comunicando con los de su planeta!
¿Tendrá antenas escondidas?

 

Se acercó a mirarle la cabeza tropezando con un cuenco que había en el suelo lo que le hizo terminar dando brinquitos tapándose la boca para que los aliens no le descubrieran, su abuelo ahí seguía… ¡Buf! Menos mal… Ya casi lo había rodeado para mirarle de cerca cuando sintió algo que le cogía del cuello del pijama.
¡Los marcianos, me han pillao!, la palidez le invadió el rostro, el susto lo dejó inmóvil, y la abuela tiró de él aprovechando el silencio de puritito miedo que experimentaba su nieto, para sacarlo de ahí con el menor jaleo posible.
-Abuela, abuela, eres tú, eres tú.
Abrazaba con ahínco a esa maravillosa mujer que nada tenía de trompetas en la cabeza, ni de antenas, ni de grandes ojos negros almendrados.
-¿Pues quién iba a ser si no?
-Un marciano, un marciano. -Jadeaba el nieto mientras recuperaba la color.-

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