El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 2)

 

-Bueno, con estas basta.
Carlitos miraba con el ceño fruncido.
-¿Por qué vas a matarlas?
-¿Pero no decías que daban asco?
No hubo respuesta, solo cara de enfado.
-¿Qué sientes?
-Estoy enfadado.
-¿Por qué?
-¡Porque vas a matar a las pobres lombrices que estaban tan tranquilas en la tierra, y ahora vienes tú y las tenemos que matar, pues no sé por qué tenemos que matarlas si ellas estaban allí tan tranquilas!

-¿Sabes que tu enfado viene porque has sentido compasión de las lombrices?
-…..
-Esto es lo más cercano que se me ocurre para que puedas entender lo que es la compasión.
-Compasión es cuando algo te da pena unos gusanos o un perro, o como cuando mamá y yo nos encontramos un gato malito y lo llevamos al veterinario.
-Bueno, algo parecido, es, como si tú fueras el gato por un rato, y entiendes que sufre, pero no te quedas sufriendo con él.
-¡Claro, lo llevas a curar, y luego sigues con tus cosas!
-Si, algo así. Bueno, pues también hay que aprender a tener compasión con uno mismo.
-¿Con yo mismo?
-Si, Carlos puede tener compasión de Carlos, y así cuidarle como cuidó al gato, pero no se queda todo el rato enfadado, o llorando, o acordándose de que una vez un niño le dijo no se qué…
-¿Y entonces le perdono?
-¿A quién?
-Al niño.
-¡Y a Carlos!, también te perdonas a ti mismo. Cuando entiendes las cosas es más fácil que las cambies, y que estés más feliz… Me gustaría que aprendieras tantas cosas…
-¡A mí me gusta aprender contigo agüelo!
-¡Ya lo veo, ya…!, pues ven que tengo una tarea para ti después de que comas.
Iba a preguntar qué cosa, pero se acordó que al yayo no le hacía mucha gracia tanta pregunta y se paró. Si su mayor hubiera estado más atento se hubiera dado cuenta de que su nieto había tenido otro momento más de atención, algún día de seguir así, su atención sería plena.
Se acercaron a la parte trasera del jardín donde guardaban los trastos, el abuelo le dio un martillo,
cogió la carretilla y salieron de la casa. Buscaron y buscaron algo que Carlitos desconocía, pero siguió fiel al lado de la carretilla, cuando pararon el abuelo se agachó, tomó un gran pedrusco y lo metió dentro. Volvieron a casa.
Sacó el pedrusco a la sombra de un árbol.

-Cuando termines de comer te vienes, y con el martillo te pones a darle a esto hasta que lo hagas tierra.
En ese momento salió la abuela.
-¡De eso nada!. Vamos, de qué le vas a dar al niño un martillo y que después de comer se ponga a dar golpes, ¿estás en tu juicio?
-Más de lo que tú crees. -Respondió en tono calmo.-
-El niño después de comer se echa la siesta.
-¿Te das cuenta de que el niño está más tranquilo que cuando vino?
-¡No va a estarlo!, si lo tienes reventao, que no le dejas parar ni tras la comida.
-¿Y te has fijado que duerme ya por la noche de un tirón?
-Agüelos, ¿he hecho algo malo? ¿también discutís como mis padres por mi culpa?
-La culpa, el miedo, el odio, el resentimiento son emociones constrictivas, es decir que ahogan. -El hombre hablaba a su mujer a través de su nieto, pero mirando a este fijamente a los ojos, como si quisiera que durante toda su vida el pequeño lo recordara.-
Cuando lo sacas fuera, lo miras y le pones nombre a lo que sientes, se hace un espacio entre tú y tu emoción, entonces es más fácil sanarla. El miedo, que tiene tu abuela a que te hagas daño es normal, yo tampoco quiero que te hieras, y también quiero que descanses, pero antes de eso quiero que aprendas a poner atención, porque eso te va a servir para toda la vida. Yo no lo sabía y he hecho… hice llorar a mucha gente, gente que yo quiero mucho, por ejemplo a tu abuela. Si ella puede sacar su miedo a que te hagas daño en los dedos, tú podrás tener la oportunidad de hacer algo que te va a ayudar a concentrate, y luego quiero que me digas qué has sentido, no pensado, que bueno, también, pero sobre todo qué has sentido.

-Ponte las gafas de protección y ten cuidado. -Dijo la abuela antes de entrar a poner la mesa.-

El pequeño no se golpeó ni una sola vez, si bien es cierto que el pedrusco de arenisca se deshacía fácilmente, la lección quedó aprendida, llegó un momento en el que no pensaba en nada, sin esfuerzo, llegó a un silencio del que el niño no se percató hasta que su abuelo le hizo reflexionar sobre ello.
-Eso es lo que quería que aprendieras el otro día en la piscina. Que la meditación no solo es sentarse, también se puede hacer en movimiento. Se puede meditar en cualquier momento viviendo el presente y poniendo todo tu corazón en lo que haces en cada instante, ya sea caminar, correr, nadar, sentarte cocinar o partir una piedra.
Esto también sirve para el cole ¿Sabes? -Le guiñó un ojo.-
-Agüelo.
-Abuelo.
-¿Qué haces por las mañanas abajo.
-¿Me has espiado?
-No, bueno, si pero no es espiar. Es que por las mañanas me aburro y te miro hasta que se levanta la agüela.
-Abuela.
-Si, y luego ya me voy con ella hasta que tu subes, pero es que tardas mucho.
-¿Sabes que tu abuela también me espiaba al principio?
-¿Si?
-¡Sip!, pero no se lo digas, este será nuestro secreto. No vale la pena decirle que es una espía muy mala, yo creo que por eso dejó de ver qué hacía yo ahí abajo.
-Jeje… ¿Y yo puedo estar abajo contigo? ¿Es lo mismo que hacemos después de los juegos y oímos los pájaros?
-Lo que hago por las mañanas es meditar, y necesito que respetes ese tiempo, es un tiempo de silencio conmigo mismo.
-¿Rezas?
-Mira, la oración, rezar, es cuando uno habla con Dios, ¿Tus padres te hablan de Dios y eso?
-Yo no voy a religión.
-Bueno, no importa, da igual el nombre que le des, escucha, algunos le llaman Dios, otros lo llaman Buda, otros Alá, otros Shiva, Tao, ¡Qué sé yo! Cada uno le pone el nombre que le parece, otros le dicen Energía universal, Gnosis, Jesús…
El nombre es lo de menos, lo importante es que está dentro de todos nosotros.
Pues bueno, si rezar es hablar con eso que todos somos y que está dentro de cada uno, y que sabe todo, pero todo ¿eh?… meditar es escuchar la respuesta.
-Es como hablar por el móvil, yo te llamo, la señal llega al “satélite estratosférico”, y te hablo, luego tengo que callarme para que me llegue a mí y yo te escucho.
-Pues sí… más o menos.
-¡Qué fácil, está tirao!
-Si, eso, tirao, ¡si yo te contara!
-Entonces ¿puedo meditar contigo?
-De momento no. Eso te lo tienes que ganar. Si vienes el próximo año y tienes todo aprobado, es posible, solo posible.
-¿Y las cartas?
-¿Qué cartas?
-Las que tienes en la mesa de tu escritorio.
-¡Eres un cotillo!
-Es que me aburría… ¿me enseñas a jugar con esas cartas?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *