El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 1)

 

Capítulo 1

(Primera parte)

-¡Jo agüelo! ¿Pero qué pasó al final?

-Abuelo. -Corrigió el mayor.- Y, por qué quieres que te cuente el final.

-Porque quiero saber lo que le pasó a la paloma.

-¿Y te has enterado de lo que ocurrió hasta ahora?

-¡Siii, claaaro!-Contestó el nieto agitando sus manos de arriba a abajo al son del soniquete condescendiente de su voz.

-No me lo creo, has estado pegando brincos desde que comencé la historia.

-¡Es que no me puedo parar!

-Anda ya…

-De verdá agüelo.

-Abuelo.-Corrigió de nuevo.- Pues demuéstramelo. -Le desafió.

-El qué.

-Que te has enterado de lo que va de cuento.

-Pues una paloma, que nace en un sitio muy bonito y está muy loca, ya.

-¿Ves cómo no te enteras cuando te cuento las cosas? ¡Quieres parar ya! -El abuelo comenzaba a inquietarse con el triquitraque de su nieto.

-¿Tu también te enfadas conmigo agüelo?

-¡Abuelo! Es que a veces me pones nervioso.- El abuelo cerró los ojos y respiró profundamente.-

-Perdoname agüelo, perdona, perdona, perdona, perdona, perdona…- Y para incomodidad del mayor el niño se puso a sus pies de rodillas con las manos en forma de oración.- Perdona, perdona, perdona… -Repetía como una metralleta, antes de que el hombre pudiera reaccionar.

En ese momento el abuelo comenzó a sentir montones de emociones de montones, de momentos de perdones sin perdonar, de clamar justicia sin llegar, y de humillaciones sufridas en un pasado supuestamente olvidado, que ahora su nieto le puso ante sus ojos casi sin ser consciente de ello. La ira comenzó a aparecer en forma de oleada y a punto estuvo de dar un sopapo al niño para que cesara en esa actitud.

Un breve destello apareció ante él en el momento que comenzó a mover su mano, y en el justo momento paró… y volvió a respirar, dejó de escuchar a su nieto, y volvió a respirar, así por unas cuantas veces, cuarenta, cuarenta bastaron, la Respiración Cuadrada le vino a rescatar.

Contó diez según inhalaba, retuvo otros diez, exhaló en diez, y con el pecho vacío retuvo de nuevo diez. Tras esto, una gran respiración sonora.

Para entonces el nieto le miraba en silencio, con los ojos muy abiertos sin saber qué pasaba. Para él eso era nuevo. Vio la mirada de su abuelo con los párpados ligeramente bajados, y sonriendo sin reírse. Eso parecía buena señal, le gustó esa mirada, le relajó, le quitó el miedo.

-Vamos ha hacer una cosa. -Dijo por fin el abuelo sentándose de nuevo junto al nieto, con la mirada perdida y esperando una palabra.-

Carlitos se acercó justo hasta que su hombro rozó el brazo de su abuelo, y arrepentido murmuró muy bajito mirando al suelo:

-Agüelo me perdonas…

-Abuelo… se oyó en un tono terciopelo la voz del anciano, a la vez que pasaba su brazo por encima del hombro del muchachillo.

-¿Qué tengo que perdonarte?

-No sé… -Seguía mirando el suelo.-

-Y cómo voy a perdonarte si no sabes el qué.

-Es que soy malo. -Dijo el niño casi en tono catártico.

-¿Malo? -El niño asintió con la cabeza.- ¿Y qué haces para ser malo?

-No sé… hago llorar a mi madre, y salto mucho… por el sillón también. En el cole la seño me regaña porque me caigo de la silla. A veces me duermo en clase.

-¿Y eso? -Se sorprendió Andrés.- ¿Te caes de la silla porque te duermes?

-No, me duermo porque hay noches que me despierto y luego tengo miedo, y luego ya no duermo, y luego me duermo en el cole, y luego los niños se ríen porque no me sé las tablas y luego papá se enfada y mamá llora, y a veces les oigo que discuten y mamá dice que me den unas pastillas del médico y papá dice que no y entonces lloro y me asusto porque es de noche y no duermo y me duermo en el cole y….

-Vale, vale, vale… ya entiendo, ya. Entonces es cuando te duermes y te caes de la silla.

-¡Que no, que cuando me caigo es que me pica el culo, y como no me puedo rascar me pongo nervioso y me muevo y luego me caigo, y luego Álvaro se ríe y Marta me dice que…

-Espera, espera, pero chico respira… para… para…para.

El niño aprieta su boca pone sus manos entre las piernas y las aprieta muy fuerte para parar.

-¡Que le perdone dice!- Murmuró en voz alta.- ¿y tú, te perdonas tú?- se le ocurrió al hombre.-

-¿Yo?- Se sorprendió el niño.-Yo no sé hacer eso.

-Pues yo no te puedo perdonar si tu no sabes perdonarte.

 

(Sigue en la próxima entrada)

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