Reiki su historia , su leyenda

Simbolo de Reiki CR

Corría el 1880 cuando el doctor Mikao Usui trabajaba de decano en una universidad cristiana de Kioto.

En las clases se realizaban coloquios con los alumnos, en uno de ellos surgió

cierta observación:

-Maestro, ¿Cree en el poder de sanación de Jesús ?

-Por supuesto.

-Entonces según las palabras de Cristo: “El que crea en mí realizará las obras que yo hago. Y aún las hará más grandes”

-Esa son sus palabras.

-Venerable maestro, yo quiero que me enseñe a curar como lo hacía Jesús, porqué nadie lo hace…

Según el código de honor japonés un decano debe contestar todas las preguntas de sus discípulos, pero ante la imposibilidad de hacerlo, Usui decidió dimitir y buscar la respuesta.

Entonces comenzó una amplia investigación, primero en el seminario teológico de la universidad de Chicago, después recorrió distintos países, sin embargo no encontró textos sobre las sanaciones de Jesús.

Él sabía que otro gran maestro de la humanidad, Buda, también realizó curaciones milagrosas, eso lo animó para volver a Japón y continuar su búsqueda en los monasterios budistas.

La respuesta en todos era la misma:

-Hoy en día los que se acercan buscan sanación espiritual.

En ninguno hallaba.

Recorrió un largo camino hasta llegar a un monasterio Zen, donde el superior le animó:

-”Lo que se hizo en una época, puede hacerse en otra”

Con fuerzas renovadas quedó en el monasterio.

Los días pasaban entre escritos que estudiaba milimétricamente, horas disipadas buscando lo que no encontraba, en japonés la búsqueda fue inútil.

Decidió estudiar chino para poder interpretar los antiguos escritos en esta lengua, pero al igual que en japonés no encontró la respuesta.

Su vida estaba orientada a la búsqueda: “Buscad y encontraréis”

Comenzaba un nuevo reto, los sutras tibetanos, el sánscrito. De nuevo aprendizaje de un idioma, de nuevo un viaje, esta vez a Tíbet.

Tíbet en su misterio, le aportó una nueva clave, los escritos de alguien llamado Isa, que algunos expertos habían identificado como Jesús.

Decidió compartir sus hallazgos con su amigo, el Maestro Zen.

-Bienvenido amado amigo.

-Maestro…

Conversaron largamente y meditaron en profundidad sobre ello, la conclusión fue unánime:

Ascender a la montaña sagrada, al monte del Kuri Yama, realizando ayuno y meditación.

Usui amontonó veintiuna piedras, se situó cara a oriente, después silencio.

Las piedras eran apartadas una por día, solo quedaba una.

Ese fue el instante que eligió la verdad para manifestarse.

Una enorme esfera de luz se precipitaba a gran velocidad sobre él, lo que le hizo temer por su vida, sin embargo halló coraje para mantenerse firme ante aquello, que esperaba fuera la respuesta tan buscada.

El fulgor lo invadió, y en su plenitud percibió unos signos en sánscrito, se le fueron mostrando lentamente, quedando impresos en su memoria. Una vez repuesto del trance consiguió abrir sus ojos a la claridad, no de la luna llena que quedó en el cielo al cerrarlos, sino del rey sol que lucía con esplendor.

El entusiasmo de compartir la experiencia con el Maestro Zen, le hizo apresurarse a su encuentro, caminaba con la alegría del descubrimiento que se ansía compartir, cuando un tropiezo le lastimó el pié, el dolor le hizo darse cuenta de la ligereza con la que estaba descendiendo, poco habitual después de un ayuno como el que había experimentado.

Sin embargo la sangrante herida le hizo llevarse las manos al pié para aliviarse, fue entonces cuando la sangre dejó de brotar y el dolor desapareció.

En su camino encontró un albergue, al entrar vieron su aspecto reconociendo en él a un monje de reciente ayuno, sin necesidad de preguntar le sirvieron un caldo.

-Tenga señor, un caldo para aliviar el ayuno de un sabio.

-No mi buen amigo, necesito una comida más sustanciosa.

-Disculpe, pensé que terminaba usted un largo ayuno, una larga meditación.

-Así es, será lo primero que ingiera en veintiún día.

-Permítame señor recordarle los peligros de romper un ayuno de forma un tanto copiosa.

-Los conozco, sin embargo le agradecería algún plato más sustanciosos.

-Así será.

Según degustaba el nutritivo menú, observó que la muchacha que le servia la comida tenía la cara inflamada, y no pudo terminar de servirle por el fuerte dolor de muelas que padecía.

-¿Qué le ocurre a la chiquilla?

-Ella es mi nieta maestro, lleva varios días con la dolencia de la muela, y no podemos pagar su alivio.

-Me gustaría poder ayudarla, ¿habría algún inconveniente?

-Un momento.

El abuelo dijo algo a la nieta, ambos se acercaron, ella con la cabeza gacha, respetuosa, discreta, el con ojos esperanzados.

Usui acercó suavemente sus manos a la faz herida surcada por la lágrima que se desborda sin querer desbordar, aquella fue la última vertida, pues la hinchazón se redujo, el dolor desapareció, y los ojos antes tristes se transformaron el farolillos iluminados y sorprendidos.

Así marchó Mikao, sorprendido y absorto.

Otro día era cuando llegó junto a su amigo en el monasterio Zen, el monje que le guió, le contó que un fuerte ataque reumático afligía al Maestro .

-Amado Mikao.

-Respetable maestro.

Ambos inclinaron la cabeza en señal de respeto mutuo.

-Ardo en deseos de contaros, pero mientras le relato mi experiencia y si me lo permite, procuraré aliviarle de su mal.

-Cuente con mi gratitud.

El doctor comenzó la explicación mientras el maestro se iba quedando gratamente sorprendido, tanto por el relato, como por el alivio que suponían en él las manos de Usui, que terminó el singular monólogo pidiendo consejo a su amigo.

-Meditación y reflexión, queda con nosotros tanto como necesites.

Pasó algún tiempo hasta que tomó la decisión de partir a un suburbio de Kyoto, realizando curaciones a cualquier persona sin distinción, y así trabajó durante siete años. Fue al cabo de este tiempo cuando comenzó a encontrarse con personas que ya había tratado, alguno le explicó que tras recobrar la salud inició una nueva vida, pero sin poder hacer frente a las responsabilidades que eso suponía, prefirió de nuevo la mendicidad.

Después de considerar largamente en qué se había equivocado, convino en la necesidad que tiene cada persona de un equilibrio psíquico para que la curación sea una verdadera sanación sin retroceso. Se necesitaba un verdadero cambio de energía.

Tomó varias decisiones.

La primera establecer unos principios por los que regirse, los que posteriormente se conocerían como:

LOS PRINCIPIOS DE LA ENERGÍA REIKI.

Solo por hoy serás agradecido.

Solo por hoy no sufrirás inquietudes ni angustias.

Solo por hoy no te encolerizarás.

Solo por hoy trabajarás honradamente.

Solo por hoy amarás y respetarás todo lo que vive.

Su segunda firme decisión consistió en alejarse de los suburbios para transmitir sus enseñanzas por Japón.

También resolvió utilizar los símbolos que se le habían revelado para armonizar a las personas, facilitando así la asunción de su bienestar, y el control de su ego elevando su energía.

Pasó el resto de su vida trabajando, mejorando cada vez más su técnica. Murió un nueve de marzo de 1926.

Desde entonces el Reiki ha tenido continuidad en sus discípulos y en los discípulos de sus discípulos forma en la que ha llegado hasta nuestros días.

Fue Chujiro Hayashi, uno de los privilegiados iniciados por Usui quien decidió fundar la primera clínica de Reiki en Tokio. Allí se acercó buscando sanación Hawaya Takata, hawaiana, mujer decidida quien además de conseguir su propia sanación consiguió que el Reiki dejara de ser un conocimiento vetado a las mujeres, y fue iniciada en el primer y segundo nivel.

Volvió a Estados Unidos donde comenzó su trabajo con Reiki.

En 1938 tuvo la visita del doctor Hayashi.

-¡Doctor Hayashi! Bienvenido. (Acudía acompañado de su hija).Bienvenidos ambos.

Tras la conversación ligera de toma de contacto, surgió la realidad en toda su profundidad y antes del regreso a Japón Takata recibió la maestría.

Poco después fue ella la que viajó:

-Señora Takata, presagio malos tiempos para Japón, dolor y muerte, es necesario proteger el legado del doctor Usui.

-Tenga mi colaboración incondicional.

Al final de los años treinta Hayashi, decidió dejar este mundo, y así lo hizo rodeado de sus allegados.

Takata volvió a Estados Unidos, donde tuvo que bregar la etapa de intolerancia y el encarcelamiento de japoneses mientras continuaba con sus enseñanzas de Reiki, a su muerte en 1980 dejaba veintiún maestros, en la actualidad están repartidos por todo el mundo…….

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