El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 2)

 

-Bueno, con estas basta.
Carlitos miraba con el ceño fruncido.
-¿Por qué vas a matarlas?
-¿Pero no decías que daban asco?
No hubo respuesta, solo cara de enfado.
-¿Qué sientes?
-Estoy enfadado.
-¿Por qué?
-¡Porque vas a matar a las pobres lombrices que estaban tan tranquilas en la tierra, y ahora vienes tú y las tenemos que matar, pues no sé por qué tenemos que matarlas si ellas estaban allí tan tranquilas! Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 2)”

El abuelo meditante. Capítulo 3. (Parte 2)

Charlaron sobre el silencio de regreso a casa. Ese día la comida estaba especialmente rica.
Cuando el niño se recostó para ver la tele, el abuelo le dio la mano y se fueron a la piscina. Allí estuvieron jugando a la pelota, hasta que Andrés le propuso ir a la piscina de los pequeños.
-¡Abuelo, que yo ya sé nadar!
-Lo sé, lo sé… Pero hay algo que no sabes hacer.
-¿El qué?
-Kinhin.
-¿El quéee?
-¿Ves? No sabes tantas cosas cómo crees. Entra al agua.
El niño sigue las indicaciones de su abuelo, toma la tabla de natación y la pequeña pelota que le da.
El abuelo lleva lo mismo, se queda fuera, al lado.
-Ahora el juego consiste en ver quién llega al otro lado…
Sin dejarle terminar, el niño sale corriendo hasta tocar la otra orilla y comienza a reírse dando saltos y vueltas en el agua. Tirando la tabla y la pelota a lo alto… Con tan mala suerte de que la pelota aterriza en la pamela de la señora que tenía un bebé durmiendo en la toalla. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 3. (Parte 2)”

El abuelo meditante. Capítulo 3 (Parte 1)

 

-Lo primero es parar. -Le dijo Andrés.-
-Ya estoy parado agüelo.-Se impacientó el nieto ante la obviedad.- ¡Vamos a ser serios!
-¡Anda el mico por dónde me sale!
-¡No soy un mico soy un niño, y ya tengo ocho años!
-¡Por Dios, claro, se me olvidaba!¡Pues yo tengo 8×8 tus años listillo!
-Que son…
-Cuando te aprendas las tablas lo sabrás.
-¡Es que es la del ocho!
-¿Ves cómo no paras?
-¡Si estoy quieto! -Se quejó el niño.-
-Parar no es solo estar quieto Carlitos. -Dulcificó el abuelo su tono.- No solo hay que parar el cuerpo, también hay que parar la cabeza.
-… -Y antes de que el niño pudiera responder el abuelo añadió:- Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 3 (Parte 1)”

El abuelo meditante. Capítulo 2 (Parte 1)

 

Carlitos se levantó bien pronto, pero aquella casa era aburrida, no sabía dónde estaba el mando de la tele.
En época de vacaciones, como aquella, en su casa se levantaba y se ponía los dibujos hasta que despertaba mamá o papá, entonces desayunaban viendo la tele y luego hacía algo, no sé.. mamá le pedía que hiciera unas cuentas y unas caligrafías, papá quería que se aprendiera las tablas, pero es que eso era un rollo, y él prefería saltar y jugar, porque si no se ponía nervioso y entonces papá se enfadaba porque mamá se ponía nerviosa también. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 2 (Parte 1)”

El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 2)

…-Pues yo no te puedo perdonar si tu no sabes perdonarte.

Silencio.

-A mí nadie me enseñó a perdonarme de niño, y he tenido que aprender de viejo.
-¡Agüelo no digas viejo!
-¡Anda! Por qué no.
-Se dice “persona mayor”
-¡Ya estamos con lo políticamente correcto! Mira hijo, soy viejo y eso no hay quien lo cambie, la verdad es la verdad, y la podemos disfrazar de lo que queramos que será la verdad disfrazada, y entonces no sabremos ni quienes somos, y si no sabemos quienes somos, mal vamos.
-Agüelo no sé qué dices, ¿eso es que me perdonas? Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 2)”

El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 1)

 

Capítulo 1

(Primera parte)

-¡Jo agüelo! ¿Pero qué pasó al final?

-Abuelo. -Corrigió el mayor.- Y, por qué quieres que te cuente el final.

-Porque quiero saber lo que le pasó a la paloma.

-¿Y te has enterado de lo que ocurrió hasta ahora?

-¡Siii, claaaro!-Contestó el nieto agitando sus manos de arriba a abajo al son del soniquete condescendiente de su voz.

-No me lo creo, has estado pegando brincos desde que comencé la historia.

-¡Es que no me puedo parar!

-Anda ya…

-De verdá agüelo.

-Abuelo.-Corrigió de nuevo.- Pues demuéstramelo. -Le desafió.

-El qué.

-Que te has enterado de lo que va de cuento.

-Pues una paloma, que nace en un sitio muy bonito y está muy loca, ya.

-¿Ves cómo no te enteras cuando te cuento las cosas? ¡Quieres parar ya! -El abuelo comenzaba a inquietarse con el triquitraque de su nieto.

-¿Tu también te enfadas conmigo agüelo?

-¡Abuelo! Es que a veces me pones nervioso.- El abuelo cerró los ojos y respiró profundamente.- Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 1)”