El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 2)

 

-Bueno, con estas basta.
Carlitos miraba con el ceño fruncido.
-¿Por qué vas a matarlas?
-¿Pero no decías que daban asco?
No hubo respuesta, solo cara de enfado.
-¿Qué sientes?
-Estoy enfadado.
-¿Por qué?
-¡Porque vas a matar a las pobres lombrices que estaban tan tranquilas en la tierra, y ahora vienes tú y las tenemos que matar, pues no sé por qué tenemos que matarlas si ellas estaban allí tan tranquilas! Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 2)”

El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 1)

 

-¿Entonces ya me has perdonado?
-¿Te das cuenta de que no aprendes? Tienes que estar atento, poner atención. Te dije que iba a enseñarte a que nadie tenga que perdonarte.
-Vale, pero ¿tú me perdonas?
El abuelo entendió que el nieto necesitaba soltar presión, presión y culpa.
-Si, claro que te perdono.
Se dieron un abrazo de esos profundos que el abuelo no supo dar en toda su vida, una vida en la que había aprendido que los hombres no lloran, y que si abrazan es que detrás hay una relación de pareja.
El abuelo, en principio tenso, recordó la inteligencia cardíaca de la que tuvo primera noticia a través de su curso de meditación. Impresionante cómo por su mente en un solo instante recordó los estudios elaborados por científicos que demuestran que el corazón siente, siente y tiene neuronas, neuronas que ordenan al cerebro cambiar estados de ánimo, y el cerebro va, y obedece.
Si su nieto tenía el corazón encogido, los mensajes de su corazón no podrían ser muy sanos, si él no le daba la posibilidad del perdón correrían malos tiempos para Carlitos, quizá no ahora, su subconsciente lo enterraría, pero ahí tendría un cúmulo de culpa que en algún momento le pasaría factura. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 1)”

El abuelo meditante. Capítulo 3. (Parte 2)

Charlaron sobre el silencio de regreso a casa. Ese día la comida estaba especialmente rica.
Cuando el niño se recostó para ver la tele, el abuelo le dio la mano y se fueron a la piscina. Allí estuvieron jugando a la pelota, hasta que Andrés le propuso ir a la piscina de los pequeños.
-¡Abuelo, que yo ya sé nadar!
-Lo sé, lo sé… Pero hay algo que no sabes hacer.
-¿El qué?
-Kinhin.
-¿El quéee?
-¿Ves? No sabes tantas cosas cómo crees. Entra al agua.
El niño sigue las indicaciones de su abuelo, toma la tabla de natación y la pequeña pelota que le da.
El abuelo lleva lo mismo, se queda fuera, al lado.
-Ahora el juego consiste en ver quién llega al otro lado…
Sin dejarle terminar, el niño sale corriendo hasta tocar la otra orilla y comienza a reírse dando saltos y vueltas en el agua. Tirando la tabla y la pelota a lo alto… Con tan mala suerte de que la pelota aterriza en la pamela de la señora que tenía un bebé durmiendo en la toalla. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 3. (Parte 2)”

El abuelo meditante. Capítulo 2. (Parte 2)

(Parte 2)

…Encontró un laberinto dibujado ponía:
mindfuldness atención plena transpersonal y letras pequeñas de algo de internet.
(¡Cómo viera su maestra eso sin mayúsculas…!)
Por detrás estaba escrito, como en la azul.
SABOREA.
En el día de hoy, practica la consciencia en tus comidas, Come muy despacio y sé consciente del sabor de cada bocado. Puedes hacerlo en silencio y masticar más veces de lo habitual.
Cuando saborees dulzura, conviértete en dulzura. Cuando saborees salado, conviértete en salado. Si es ácido, conviértete en ácido… Siente el sabor por todo tu cuerpo. Crecerá tu sensibilidad y sentirás vida consciente.

¡Madre del amor hermoso!
Eso era raro, pero parecía divertido, es como jugar a ser animales, pero con sabores. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 2. (Parte 2)”

El abuelo meditante. Capítulo 2 (Parte 1)

 

Carlitos se levantó bien pronto, pero aquella casa era aburrida, no sabía dónde estaba el mando de la tele.
En época de vacaciones, como aquella, en su casa se levantaba y se ponía los dibujos hasta que despertaba mamá o papá, entonces desayunaban viendo la tele y luego hacía algo, no sé.. mamá le pedía que hiciera unas cuentas y unas caligrafías, papá quería que se aprendiera las tablas, pero es que eso era un rollo, y él prefería saltar y jugar, porque si no se ponía nervioso y entonces papá se enfadaba porque mamá se ponía nerviosa también. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 2 (Parte 1)”

El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 1)

 

Capítulo 1

(Primera parte)

-¡Jo agüelo! ¿Pero qué pasó al final?

-Abuelo. -Corrigió el mayor.- Y, por qué quieres que te cuente el final.

-Porque quiero saber lo que le pasó a la paloma.

-¿Y te has enterado de lo que ocurrió hasta ahora?

-¡Siii, claaaro!-Contestó el nieto agitando sus manos de arriba a abajo al son del soniquete condescendiente de su voz.

-No me lo creo, has estado pegando brincos desde que comencé la historia.

-¡Es que no me puedo parar!

-Anda ya…

-De verdá agüelo.

-Abuelo.-Corrigió de nuevo.- Pues demuéstramelo. -Le desafió.

-El qué.

-Que te has enterado de lo que va de cuento.

-Pues una paloma, que nace en un sitio muy bonito y está muy loca, ya.

-¿Ves cómo no te enteras cuando te cuento las cosas? ¡Quieres parar ya! -El abuelo comenzaba a inquietarse con el triquitraque de su nieto.

-¿Tu también te enfadas conmigo agüelo?

-¡Abuelo! Es que a veces me pones nervioso.- El abuelo cerró los ojos y respiró profundamente.- Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 1)”