El abuelo meditante. Capítulo 3. (Parte 2)

Charlaron sobre el silencio de regreso a casa. Ese día la comida estaba especialmente rica.
Cuando el niño se recostó para ver la tele, el abuelo le dio la mano y se fueron a la piscina. Allí estuvieron jugando a la pelota, hasta que Andrés le propuso ir a la piscina de los pequeños.
-¡Abuelo, que yo ya sé nadar!
-Lo sé, lo sé… Pero hay algo que no sabes hacer.
-¿El qué?
-Kinhin.
-¿El quéee?
-¿Ves? No sabes tantas cosas cómo crees. Entra al agua.
El niño sigue las indicaciones de su abuelo, toma la tabla de natación y la pequeña pelota que le da.
El abuelo lleva lo mismo, se queda fuera, al lado.
-Ahora el juego consiste en ver quién llega al otro lado…
Sin dejarle terminar, el niño sale corriendo hasta tocar la otra orilla y comienza a reírse dando saltos y vueltas en el agua. Tirando la tabla y la pelota a lo alto… Con tan mala suerte de que la pelota aterriza en la pamela de la señora que tenía un bebé durmiendo en la toalla. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 3. (Parte 2)”

El abuelo meditante. Capítulo 3 (Parte 1)

 

-Lo primero es parar. -Le dijo Andrés.-
-Ya estoy parado agüelo.-Se impacientó el nieto ante la obviedad.- ¡Vamos a ser serios!
-¡Anda el mico por dónde me sale!
-¡No soy un mico soy un niño, y ya tengo ocho años!
-¡Por Dios, claro, se me olvidaba!¡Pues yo tengo 8×8 tus años listillo!
-Que son…
-Cuando te aprendas las tablas lo sabrás.
-¡Es que es la del ocho!
-¿Ves cómo no paras?
-¡Si estoy quieto! -Se quejó el niño.-
-Parar no es solo estar quieto Carlitos. -Dulcificó el abuelo su tono.- No solo hay que parar el cuerpo, también hay que parar la cabeza.
-… -Y antes de que el niño pudiera responder el abuelo añadió:- Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 3 (Parte 1)”