El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 1)

 

-¿Entonces ya me has perdonado?
-¿Te das cuenta de que no aprendes? Tienes que estar atento, poner atención. Te dije que iba a enseñarte a que nadie tenga que perdonarte.
-Vale, pero ¿tú me perdonas?
El abuelo entendió que el nieto necesitaba soltar presión, presión y culpa.
-Si, claro que te perdono.
Se dieron un abrazo de esos profundos que el abuelo no supo dar en toda su vida, una vida en la que había aprendido que los hombres no lloran, y que si abrazan es que detrás hay una relación de pareja.
El abuelo, en principio tenso, recordó la inteligencia cardíaca de la que tuvo primera noticia a través de su curso de meditación. Impresionante cómo por su mente en un solo instante recordó los estudios elaborados por científicos que demuestran que el corazón siente, siente y tiene neuronas, neuronas que ordenan al cerebro cambiar estados de ánimo, y el cerebro va, y obedece.
Si su nieto tenía el corazón encogido, los mensajes de su corazón no podrían ser muy sanos, si él no le daba la posibilidad del perdón correrían malos tiempos para Carlitos, quizá no ahora, su subconsciente lo enterraría, pero ahí tendría un cúmulo de culpa que en algún momento le pasaría factura. Continuar leyendo “El abuelo meditante. Capítulo 4. (Parte 1)”